Según la RAE (Real Academia de la lengua Española) definimos la palabra estándar, como la norma, el modelo, patrón o referencia.

Así pues apoyandonos en este desglose, es lógico afirmar que los seres humanos al momento de querer compartir nuestros pensamientos, conocimientos y experiencias, con los demás seres de nuestro entorno, tendemos a utilizar lo que a mi me gusta denominar como “modelos mentales”. Como a modo de aclaración,  estos modelos podríamos traducirlos en creencias religiosas, valores, ética, normas básicas de convivencia entre otros. Éstos modelos por supuesto, son adquiridos y desarrollados a lo largo de nuestra vida; que desde pequeños, observamos a las personas de nuestro entorno cultural (nuestros allegados, amigos y colegas) en la forma como se comunican, se comportan ante eventos sociales.

Pero a medida que avanzamos en edad, nuestra mente se va dotando de más poder, desarrollamos nuestros atributos mentales y cualidades, que nos forman como seres humanos. En este post utilizaremos los siguientes atributos: “pensamiento crítico, racional y emocional”.

Basados en los tres atributos que nombramos en el párrafo anterior, nuestro cerebro comienza a cuestionar dichos modelos que hemos estado adquiriendo con el paso de los años; aquellos modelos que detectamos como irrelevantes, carentes de lógica, incompatibles, son desechados, y es donde comenzamos a forjar lo que entendemos como personalidad. Los modelos que no sean desechados en el proceso, son los que harán parte de lo que  nuestro cerebro utilizará como norma, referencia a la hora de querernos comunicar.

Al instante de comunicarnos con los demás, surge un par de interrogantes ¿Cúando compartimos nuestros pensamientos, críticas, tendremos razón?, ¿Cómo podemos asegurar quién tiene la razón?.

Para responder a las interrogantes del párrafo anterior, haremos uso de los “7 estándares universales del pensamiento”. Ya definimos estándar como modelos, normas y patrones, ahora si podremos citar estas 7 normas que establecen cuando un pensamiento, conocimiento o experiencia que comunicamos es correcto.

  1. Claridad: La claridad es fundamental a la hora de querer comunicar algún pensamiento, experiencia o conocimiento, es la capacidad de un individuo, de tener en cuenta el orden preciso de todos los puntos clave del comunicado.
  2. Exactitud: La exactitud es la información congruente y correcta, con la que nos apoyaremos a la hora de comunicar un pensamiento, experiencia o conocimiento.
  3. Precisión: Ser preciso a la hora de comunicar algún pensamiento, conocimiento o experiencia hace agradable lo que se está leyendo o escuchando de la persona que emite. La precisión es exponer todos los puntos claves de la idea de forma directa, sin redundancias e información basura.
  4. Relevancia: Es resaltar la importancia que tiene cada uno de los puntos claves de lo del comunicado, asegurándose que cada punto aporte algo distinto y significativo para poder garantizar su validez, y facilitar el mensaje que se quiere dar.
  5. Profundidad: Es la capacidad del emitente, lograr que todos los puntos en el momento de ser comunicados, sean completos, sólidos y muy bien argumentados. Entre más completitud tenga el comunicado aumenta la probabilidad de su validez.
  6. Amplitud: La capacidad de aceptar los demás puntos de vista de las personas a las que se les está dando el comunicado, distintos puntos de vista pueden ayudarnos a ampliar nuestros conceptos al tomar en cuenta todas las consideraciones que quizás estemos obviando.
  7. Lógica: La capacidad de que todos los puntos de nuestro comunicado sean razonables, consistentes y que las conclusiones siguen la evidencia. Un comunicado que carece de sentido lógico no tendrá impacto positivo en las personas que queremos dar nuestro comunicado.

Por supuesto existen más estándares, pero estas siete son consideradas las más relevantes para tener éxito en un comunicado.

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